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A veces, las mejores herramientas de crianza no requieren cursos especializados ni técnicas sofisticadas
Es fácil perderse en el mundo de los consejos para padres; algunos requieren lo imposible, como fiambreras a lo Pinterest, mientras que otros suenan tan genéricos que no funcionan en la vida real. Pero a veces las ideas realmente útiles surgen de forma inesperada y en los lugares más extraños posibles.
Los padres de hoy pensamos cada vez más no solo en las notas o los clubes, sino en cómo educar a un niño para que sea seguro de sí mismo, atento e independiente. Leemos libros sobre inteligencia emocional, escuchamos podcasts sobre cómo criar sin gritar y guardamos docenas de consejos «para más tarde». Pero las verdaderas habilidades para la vida no se forman en circunstancias ideales, sino en situaciones sencillas y cotidianas.
Por eso ha llamado tanto la atención el vídeo del empresario y coach familiar Scott Donnell. En él, comparte una tradición familiar que parece extraña a primera vista, pero que resulta sorprendentemente eficaz en la práctica.
Regla del restaurante
Es muy sencillo: cuando la familia va a un restaurante, el niño pide platos para toda la mesa. Sí, no sólo el menú infantil, sino todo: bebidas, platos principales, las peticiones de cada miembro de la familia. Suena un poco caótico, ¿verdad?, pero es posible. Aquí es donde reside el valor del método. Para hacer frente a semejante tarea, el niño necesita:
- escuchar atentamente a todo el mundo;
- recuerden el orden;
- formúlalo de forma clara y lógica;
- mirar al camarero a los ojos;
- hablar con seguridad y educación;
- no confundirse si alguien hace una pregunta.
En realidad, se trata de entrenar las funciones ejecutivas del cerebro, es decir, las habilidades responsables del autocontrol, la planificación, la memoria, la atención y la comunicación.
Cómo funciona en términos de psicología
Las funciones ejecutivas se forman activamente entre los 5 y los 8 años. Por eso Donnell aconseja empezar a practicar en torno a los 5 o 6 años, cuando un niño ya puede retener varias tareas en la cabeza pero sigue necesitando un espacio seguro para cometer errores. Un restaurante es el entorno perfecto:
- situación es real, pero sin consecuencias graves;
- Los adultos están ahí para apoyarte;
- el niño se siente responsable y confiado al mismo tiempo.
Bonificaciones en las que los padres no piensan inmediatamente
Además del desarrollo de la memoria y el habla, este enfoque:
- enseña cortesía no «con palabras», sino con la práctica;
- ayuda a superar el miedo a comunicarse con adultos desconocidos;
- crea un sentimiento de importancia: «Se confía en mí».
- desarrolla habilidades de liderazgo sin presiones.
Y lo mejor es que el niño lo ve como un juego, no como una lección educativa más.
A veces, las mejores herramientas de crianza no requieren cursos especiales ni técnicas complejas. Basta con cambiar un poco el escenario habitual y la cena en un restaurante se convierte en una lección de independencia, confianza y edad adulta.




